30.12.05

arango

Una Señal
Para Juan José Hoyos


Una señal una flecha tosca un pedazo de tabla clavada en un palo
Se encuentra al borde de la carretera veredal que se anuda al riñón de la montaña

Antes indicaba el camino
ahora —torcida— apunta al desfiladero

Yo que voy a pie y que no tengo prisa
Debo acaso detenerme y enderezarla
Es asunto mío será útil a alguno
Tal vez.

28.12.05

emily dickinson

(288)

¡No soy Nadie! ¿Quién eres tú?
¿Eres –Nadie- también?
¡Entonces somos dos!
¡No digas nada! lo publicarían –¡ya sabes!-

¡Qué aburrido –ser- Alguien!
¡Cuán público –como una Rana-
decirle tu nombre –durante todo diciembre-
a un Pantano adulador!

pound

En una estación de subte


La aparición de estos rostros en la multitud;

pétalos sobre una mojada, negra rama.

22.12.05

kafka

UNA PEQUEÑA FÁBULA

–¡Ay! –dijo el ratón–. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo; corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa, sobre la cual debo pasar.
–Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo –dijo el gato, y se lo comió.

20.12.05

elizabeth bishop

Un arte

El arte de perder no es difícil de dominar;
tantas cosas parecen contener el intento
de ser perdidas que perderlas no es un desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la inquietud
de las llaves perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de dominar.

Entonces practica perder más allá, perder más rápido:
lugares, y nombres, y el lugar al que pensabas
viajar. Ninguno de éstos te traerá el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! La última, o
penúltima, de mis tres casas queridas desapareció.
El arte de perder no es difícil de dominar.

Perdí dos ciudades, adorables. Y, más extensos,
algunos reinos que poseía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero eso no fue un desastre.

--incluso perderte (la voz divertida, un gesto
que amo) no he de mentir. Es evidente

que el arte de perder no es muy difícil de dominar
aunque pueda parecer un (¡escríbelo!) un desastre.